Terapia

     En ocasiones, se tiene la idea de que para acudir a terapia es necesario tener un trastorno psicológico o haber vivido una situación «grave». No obstante, la realidad es que cualquier persona puede solicitar ayuda psicológica en diferentes momentos vitales. Por ejemplo, a la hora de buscar trabajo cuando las oportunidades o condiciones laborales no son las deseadas, afrontar una ruptura de pareja o la pérdida de un ser querido, gestionar la ansiedad que produce un examen, hacer frente a las exigencias estéticas impuestas por la sociedad, etc.

  La terapia es un proceso que permite identificar cuáles son las dificultades que surgen en el día a día y dotar a la persona de estrategias que le permitan afrontarlas de forma más adaptativa. En este sentido, para que se produzca un cambio, es necesario participar de forma activa en el tratamiento,

  En Valorapsy | Centro de Psicología trabajamos tanto con población adulta como infantojuvenil para acompañarles en este proceso.  

Fases de la terapia

  • Fase de evaluación: consiste en conocer a la persona que acude a consulta y explorar sus dificultades. Esta fase resulta necesaria para individualizar la intervención, adaptándola a las circunstancias y características del/la usuario/a.

 

  • Fase de explicación del problema y establecimiento de objetivos: tras la evaluación, se facilita a la persona una explicación sobre por qué se mantienen sus dificultades desde el punto de vista psicológico (Análisis Funcional). Asimismo, se acuerdan los objetivos terapéuticos y se propone el plan de tratamiento.

 

  • Fase de intervención: en esta fase, en base a las diferentes técnicas de intervención avaladas por la evidencia científica, se facilitan herramientas a la persona para hacer frente a sus dificultades del día a día. Requiere un rol activo por parte del/la usuario/a, es decir, que se involucre en su proceso terapéutico.

 

  • Fase de seguimiento: una vez conseguidos los objetivos terapéuticos, la fase de seguimiento asegura que se mantienen a lo largo del tiempo antes de finalizar la terapia (reduciendo la frecuencia temporal de las sesiones).

Preguntas frecuentes

       En ocasiones pensamos que para acudir a terapia hemos de tener un trastorno mental o experimentar un malestar muy intenso, lo que puede llevarnos a aplazar pedir ayuda psicológica cuando puede resultarnos útil.

       Sin embargo, existen muchos motivos por los que una persona puede acudir a consulta, en relación a las dificultades de su día a día. Por ejemplo, experimentar malestar y no identificar qué le ocurre, tener dificultades para relacionarse con otras personas o establecer límites, superar una ruptura amorosa o la muerte de un ser querido, gestionar la ansiedad, etc.

       Para conocer el origen y el mantenimiento del problema psicológico, resulta necesario evaluar de manera exhaustiva e individualizada las dificultades de la persona que acude a consulta y su contexto.

       Por ello, en una primera sesión resulta complicado facilitar una explicación psicológica de las dificultades, así como pautas específicas para el/la usuario/a. Para ello, resulta necesario una media de 3-4 sesiones para recoger información y explicar, mediante el análisis funcional, el mantenimiento del problema, así como los objetivos de intervención y las técnicas de elección.

       No obstante, tras una primera sesión se puede conocer si las dificultades de la persona pueden ser objeto de intervención clínica y, por tanto, puede beneficiarse de la terapia psicológica. 

       Las sesiones tienen una duración aproximada de 50 minutos y frecuencia semanal, lo que permite revisar las dificultades encontradas a lo largo de la semana y aprender estrategias que faciliten su gestión.

       Una vez avanzado el tratamiento y conseguidos los objetivos planteados, las citas se espacian temporalmente, iniciando la fase de seguimiento, que garantiza que los cambios obtenidos se mantienen en el tiempo para poder finalizar el proceso de terapia.

       No existe una duración determinada del tratamiento psicológico, ya que depende de múltiples factores (p.ej., tiempo que la persona presenta las dificultades, cantidad de objetivos propuestos, grado de implicación del usuario/a en la terapia, apoyo por parte del contexto…).

       El funcionamiento de la terapia se evalúa a lo largo de todo el proceso terapéutico mediante indicadores de cambio que se obtienen de cuestionarios, autorregistros y verbalizaciones durante la propia sesión, entre otros. 

       Cabe señalar que el cambio terapéutico es progresivo, dado que se aprende una nueva manera de abordar las dificultades y no ocurre de 0 a 100, y no lineal, es decir, existen momentos de malestar a lo largo del proceso de terapia, siendo necesarios para una mejora a largo plazo de la calidad de vida de la persona.

Entidades colaboradoras