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Si me preocupo, ¿significa que me importa?

       En ocasiones, entendemos la preocupación como un “síntoma” de lo importante que resulta para nosotros/as una determinada cuestión (p.ej., me preocupa mi futuro laboral, que mi pareja se sienta a gusto en la relación o aprobar los exámenes). No obstante, preocuparse es diferente de otorgar importancia a un tema concreto.

      Preocuparnos se trata de una manera de gestionar la situación que implica dar vueltas a nuestros problemas, pensar recurrentemente sobre algo tratando de buscar una posible explicación, sobreanalizar lo que ha ocurrido o anticipar hipotéticos escenarios que podrían tener lugar, entre otros. Sin embargo, las preocupaciones suelen aumentar nuestro malestar y dificultan que nos ocupemos de la situación de manera activa. Por ejemplo, si me preocupa que no me renueven en el trabajo, puede que esté pendiente de cada comentario de mi jefe o equipo, que piense sobre los posibles errores que he cometido a lo largo de los últimos meses, que me compare con mis compañeros/as para valorar si bajo mi punto de vista priorizarían la renovación de alguno/a de ellos/as…

       No obstante, preocuparnos sobre algo no implica que la situación nos importe en mayor medida: simplemente se trata de un modo de gestionarla, no siendo el único ni el más útil.

       Aunque destinar un espacio para analizar lo ocurrido es importante, siempre que sea limitado en el tiempo y no interfiera en nuestro día a día, existen otras estrategias que pueden ayudarnos en mayor medida:

  • Valorar qué está en nuestra mano hacer para abordar la situación, ocupándonos de ella de manera activa. Por ejemplo, si finalmente no me han renovado en el trabajo, buscar empleo puede ayudarme a afrontar lo ocurrido (p.ej., actualizando el CV, buscando puestos acordes a mi formación y experiencia, aplicando en diferentes empresas…), así como organizar mis ahorros o pedir temporalmente ayuda económica a alguien cercano, si lo necesitase.
  • Identificar los aspectos que no dependen de nosotros/as, aceptándolos sin tratar de controlarlos. Por ejemplo, el motivo por el que la empresa tiene dificultades económicas, las condiciones laborales ofertadas en la actualidad, la formación y experiencia de otros candidatos, etc.

       Si a pesar de intentar gestionar tus preocupaciones encuentras dificultades para ello, la terapia psicológica puede ayudarte.

Valorapsy | Centro de Psicología