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¿Qué es la aceptación?

            La aceptación se trata de una estrategia de afrontamiento útil en diferentes situaciones. Por ejemplo, resulta de ayuda en aquellas circunstancias que no podemos cambiar porque quedan fuera de nuestro control (p.ej., que nuestra pareja decida finalizar la relación o que nuestro padre haya enfermado), así como aquellas en las que, a pesar de que sea posible un cambio, el coste de llevarlo a cabo es mayor que los beneficios que supondría (p.ej., tratar de mejorar mis resultados académicos o profesionales, implicando todo mi tiempo a cuestiones académicas/laborales y sacrificando mi vida personal o intentar cambiar mi cuerpo para que se aproxime al ideal de belleza social, pesar de establecer una relación insaludable con la comida o la ansiedad que esto puede generarme).

¿En qué consiste la aceptación?

            En ocasiones, entendemos la aceptación como conseguir que una determinada situación o característica nos guste (p.ej., considerar atractiva mi tripa), nos resulte indiferente (p.ej., que no me importe que mi pareja me haya dejado) o que no pensemos más en ello (p.ej., obviar la situación en el cambio de salud de mi padre), entre otras.

            No obstante, esto no es realista, ni sería útil para nosotros/as: en la vida enfrentamos diferentes situaciones que resultan desagradables o dolorosas y tratar de obviarlas, invalidar cualquier emoción que experimentemos o incluso exigirnos que llegue a agradarnos, dificulta un afrontamiento adaptativo de lo ocurrido.

            Aceptar, en cambio, implica validar que una situación puede generarnos diferentes emociones, algunas de ellas desagradables, y a pesar de ello, actuar en base a lo que para nosotros/as es importante, tratando de alcanzar nuestros objetivos sin esperar que la situación o las emociones cambien, es decir, soltando el control de lo que no está en nuestra mano o no nos compensa cambiar.

            Por ejemplo, aceptar que mi pareja me ha dejado:

No supone

Supone

Que esté de acuerdo con la decisión, valorando que lo mejor era finalizar la relación

Comprender que, aunque prefiriese seguir juntos/as, la otra persona puede tener una opinión o necesidades diferentes a las mías, que tengo que respetar

Que la situación me resulte indiferente

Darme espacio para experimentar las distintas emociones que surjan en el proceso de ruptura, aunque sean desagradables (p.ej., tristeza, decepción o ira), ya que forman parte del proceso de duelo y ayudan a gestionar la pérdida.

No pensar nunca más en él/ella

Permitirme recordar momentos de la relación de pareja, sin pensar recurrentemente en posibles motivos por los que la otra persona ha decidido finalizar la relación o mis “errores” cuando estábamos juntos/as, culpabilizándome de lo ocurrido

No querer volver con él/ella

Poder tener sentimientos encontrados o el deseo de retomar la relación pero, atendiendo su decisión y mi propio bienestar, decidir reducir o eliminar el contacto con él/ella y focalizarme en reconstruir mi vida en base a las circunstancias actuales.

            Del mismo modo, aceptar nuestro propio cuerpo implicaría entender que habrá atributos que apreciaremos en mayor y en menor medida, sin esperar conseguir el ideal de belleza social o que nos guste todo de nosotros/as mismos para permitirnos hacer aquello que consideramos importante y disfrutarlo (p.ej., salir de fiesta con la ropa que nos apetezca, ir a la playa en bikini con mis amigos/as, etc.).

            A este respecto, la terapia psicológica puede resultar de ayuda en aquellas situaciones en las que nos resulta complicado soltar el control y aceptar nuestras propias emociones.

                                                                                           

                                                                                                                                                      Valora Psicología