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¿Es negativo tener ansiedad?

En muchas ocasiones, nos vemos expuestos a situaciones que nos generan malestar e, incluso, llegamos a afirmar que nos producen ansiedad (p. ej., un día intenso en el trabajo, una discusión con mi pareja, dificultad a la hora de tomar una decisión importante, etc.). En estos momentos, experimentamos diversas sensaciones que, para nosotros pueden ser desagradables, pero… ¿tener ansiedad es realmente negativo?

        La ansiedad es una respuesta adaptativa que nos moviliza para la acción ante situaciones de peligro. Históricamente, nuestros antepasados experimentaban ansiedad cuando se enfrentaban a una serie de peligros (p. ej., cuando luchaban con animales o se enfrentaban a condiciones de supervivencia adversas) y, gracias a ella, podían poner en marcha conductas como la lucha o la huida para hacerles frente.

        Es cierto que, hoy en día, no vamos a encontrarnos animales peligrosos mientras caminamos por la calle, pero no estamos exentos de otros peligros, tanto reales como percibidos (p. ej., cruzar una carretera repleta de coches, realizar un examen o asistir a una entrevista laboral importante para nosotros). En estas situaciones, la respuesta de ansiedad nos permite activarnos para poner en marcha una serie de recursos que nos facilite el afrontamiento de las mismas. Sin embargo, hay otras ocasiones en las que esta respuesta no nos ayuda y se vuelve desadaptativa. Entonces… ¿cómo funciona la respuesta de ansiedad adaptativa?

        La ansiedad se desencadena ante un estímulo estresante para nosotros (p. ej., un examen importante de la carrera universitaria) y nos hace experimentar una serie de síntomas a triple nivel:

  • Cognitivo: presentamos pensamientos o preocupaciones relacionados con la situación que nos produce ansiedad (p. ej., “¿y si no me sale bien…?”, “voy a suspender el examen”, etc.).
  • Fisiológico: aparecen sensaciones físicas como taquicardia, sudoración, rigidez corporal, aumento de la temperatura corporal, etc.
  • Motor: ponemos en marcha respuestas como, por ejemplo, no presentarnos al examen o abandonar en mitad del mismo.
 

        Una vez que comienza la ansiedad, esta aumenta de forma progresiva y se mantiene en un punto (pico máximo de ansiedad). En este momento, probablemente, percibamos nuestras sensaciones corporales de forma más intensas y pensemos que cada vez irán aumentando. A diferencia de esto, la realidad es que el nivel de ansiedad irá disminuyendo de forma progresiva porque nuestro organismo no está preparado para soportar niveles de activación tan altos durante tiempos prolongados. A esto es a lo que denominamos la curva normal de la ansiedad, la cual es una respuesta adaptativa.

        No obstante, ante estas situaciones, normalmente pensamos que ocurrirá lo contrario y, antes de alcanzar este nivel tan álgido, evitamos su afrontamiento consiguiendo, a corto plazo, cierta sensación de alivio (p. ej., no presentarme al examen porque me genera mucho malestar). Esto, aunque nos es útil en un primer momento, probabilizará que, ante próximos exámenes, el nivel de ansiedad sea superior y cada vez nos cueste más esfuerzo enfrentarnos a situaciones parecidas.

        Entonces… ¿qué podríamos hacer para experimentar una curva de la ansiedad adaptativa?  La clave reside en exponernos de forma muy progresiva a aquello que nos produce la respuesta de ansiedad con el objetivo de que, cada vez que vayamos aproximándonos al estímulo, nuestro nivel de malestar se vaya reduciendo.

        Si necesitas ayuda para identificar cuáles son aquellas situaciones que te producen ansiedad y poner en marcha estrategias que te faciliten su afrontamiento, en Valora Psicología estaremos encantados de ayudarte.

                                                                                                                                                Valorapsy | Centro de Psicología