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Cuando la comida me permite calmar la ansiedad

       La comida es necesaria en nuestro día a día y, en este sentido, la alimentación cumple una función esencial para la vida y el desarrollo adecuado del organismo. No obstante, hay ocasiones en las que la alimentación cumple otra función muy diferente. ¿Alguna vez has utilizado la comida para reducir o gestionar tu nivel de malestar?

       En ocasiones, nos enfrentamos a situaciones complicadas para nosotros/as que nos generan cierto malestar (p. ej., un encuentro social en el que no sabemos cómo actuar, un día complicado en el trabajo o un conflicto familiar, etc.). En estos momentos, solemos poner en marcha diferentes conductas para tratar de gestionar este malestar que nos produce a corto plazo, como evitar la situación o, por otro lado, responder de forma asertiva; distraernos, pensar de forma recurrente y/o, además, podemos recurrir a la comida. No obstante, a medio y largo plazo, esta conducta puede generar consecuencias desagradables (p. ej., dificultades de relación con la alimentación).

       En la práctica clínica, podemos diferenciar entre dos tipos de hambres: fisiológica y emocional. No obstante, aunque en la teoría esta diferencia parece sencilla, en la práctica no es tan fácil. Mientras que la primera hace referencia a una necesidad biológica y es imprescindible para la vida, el hambre emocional puede ser utilizada como una estrategia para hacer frente a las dificultades que nos generan malestar y se define por una serie de características:

  • Es un tipo de hambre relacionada con la gestión emocional y del malestar o la ansiedad.
  • Suele aparecer de forma repentina, se siente con urgencia.
  • Existe la dificultad para posponerla en el tiempo.
  • En los momentos en los que aparece, se suele pensar en alimentos muy concretos (los denominados “antojos”).
  • Existe dificultad para detener la ingesta una vez que ha comenzado y, normalmente, la persona sigue comiendo.
  • Tras la ingesta, suele aparecer la sensación de culpa, la cual mantiene el malestar experimentado por la persona.

       Es importante aclarar que el hambre emocional no es un problema ni tampoco una estrategia negativa en sí misma. Sin embargo, la falta de otras estrategias que ayuden a gestionar diferentes situaciones complicadas, puede producir que se utilice como el único medio para hacerles frente y, a la larga, puede contribuir a mantener el problema.

       Si tienes dificultades para gestionar tu ansiedad o tu hambre emocional, te recomendamos que acudas a terapia psicológica. En Valorapsy, ¡estaremos encantados de ayudarte!

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